Entre algunas otras cosas, hay al
menos dos, que me desconciertan y me irritan sobremanera: La primera, que
alguien que no conozco (ni tengo ningún interés por conocer) se dirija a mí cómo
“cariño”, “amor”, “cielo”, o cualquier otro apelativo ñoño y absurdo, y a todas
luces, fuera de lugar; y la segunda: que me cuenten un chiste que no pillo; o
peor aún: que me cuenten un chiste, que de tantas veces cómo lo oí, ya no me
hace ni puñetera gracia; Pues el pasado viernes: ¡tuve un dos por uno!
