El cine… al menos aquí, y ahora, está jodido; bastante, pensaría incluso.
Y no sólo porque una entrada normal para una película que (cuestión de probabilidades) posiblemente sea mala (o vamos, a mí no me guste…), en una sala que apenas cuadriplica las dimensiones del salón de mi casa del pueblo, en un asiento en el que a duras penas le entra el trasero a una persona rellenita y en el que encima estás casi pegado a la colleja del de delante, cueste 9,20 euros;
