Cuando yo estuve en Anatolia, allá por
el año 2009, descubrí, qué es lo peor que se le puede
hacer a un “moderno” (pero no a uno de pacotilla: a uno de verdad): algo peor
que obligarle a escuchar la discografía completa de Vetusta Morla en modo repeat, incluso la
de Russian Red; algo peor aún que regalarle una bicicleta del Decathlon,
privándole así de esa orgásmica satisfacción que debe suponer para cualquier
moderno que se precie: el comprar una bici cochambrosa y destartalada, para
tunearla y convertirla, en una bici “retro”, cómo la del resto de sus amigos
modernos; peor, que buscarle una novia sin flequillo raso, o que no utilice pintalabios
rojo putón (Chanel en el caso). Peor aún.
