Por mi trabajo, no hay día en que de
una u otra manera, el nombre de mi tocaya Belén Esteban salga a relucir,
incluso varias veces, incluso todo el rato sin parar (sí…, podría ser que no me
llamara Patricia); así es la vida. Pero, cuando llega el viernes, atravieso los
preciosos tornos de ese lugar en que trabajo, y me evado del mundo rosa en el
que me encuentro inmersa: confío y ESPERO que en NINGÚN momento NADIE me hable
ni de ella ni por lo tanto de mi trabajo, que para eso es fin de semana, ¡Digo
yo!.